lunes 9 de noviembre de 2009

Sistema de goteo...

Fotografía de Michael_Kenna. Música de George Winston, Night Sky.
A Paco Martos, con cariño.

Gota a gota, generosa alienta el charco, cristalina, con un espectro amplio al reflejo del sol de la mañana, donde miles de sedientos se amontonan, dispuestos a aplacar la sed.

domingo 8 de noviembre de 2009

...bre ( 3 de 3).

Fotografía Alejandro IV Barragán. Música Michael Hoppé, Lover's Lament.
Película recomendada: Kalibre 35, ópera prima de Raúl García ( Colombia,1999).

Libro recomendado: El Síndrome Chéjov del cual destacaría los tres relatos que a mí personalmente más admiración merecen: A.Chéjov, médico - Unidos - Hija única. Les recomiendo también que empiecen por su segundo libro de relatos "Quédate donde estás" y pasen después al primero El Síndrome Chéjov, tan lleno de claridad.


Finalmente, la pareja de albatros, despierta.


...iem...(2 de 3)

Fotografía Michael_Kenna. Música Michael Hoppé, Lover's Lament.

Como en una mortaja yacen la pareja de albatros, silentes, amarrados fluyen río plano,
todo es calma, amordazados cual seres inútiles, acompañados de la belleza inabarcable que abotarga los sentidos, vacua el pensamiento.

Nov...(1 de 3)

Fotografía de Dan Burkholder. Música de Michael Hoppé, Lover's Lament.

Mudemos del otoño
es la propuesta, si aceptas,
podemos amarrarnos y fluir, lejos de las astenias
de tu melancolía, de los grados y sus posibles eyecciones,
¿qué se supone más terso que el silencio?, tú, yo, amordazados,
calcinando la estética incorrecta, en un lenguaje nada presumible.
Si propones un paisaje más efímero, me alisto.

sábado 7 de noviembre de 2009

Noviembre...

Fotografía Laurent de Bonte
Música Michael Hoppé-Lover's Lament


Cuántas bocas besaste cuando la lengua buscaba la longitud del beso,
acariciaste flores ambarinas salvándote del tedio,
cuántas insinuaciones en anónimos cuerpos cruzados al azar,
tus ojos aún abarcan el aroma terso de una piel extinguida.

Un roce a tu edad, el alcance de lo efímero que se abalanza
en un torpe gesto, delatando la lascivia de tu anhelo
observas el fulgor como quien no tiene reparos, almizclando
las horas y las constelaciones en trazos de acuarela.

El seno de una mujer llaga profundamente la falta de caricias
para quien lo sostiene, entre sus manos, es poesía incierta, indescifrable,
los jeroglíficos del amor también contienen caminos sin retorno,
tu quieres retornar al tibio clima de sábanas y fuelles.

Déjate ir, resbalar hacia el oscuro objeto que produce tu insomnio
allá donde tu sexo y lo más parecido a lo que deseas, habitan,
donde sobrevive la intemperie de tus emociones, las que no expresas,
las que subyugan a quien mira, a veces, yo te miro así.

viernes 6 de noviembre de 2009

Donde la inmediatez nos lleve...

...dedicado a una poetisa de nuestro tiempo (de todos los tiempos) que me ha mostrado mi reflejo en el espejo, porque mujeres como ella, no podrían existir sin mujeres como yo. Hablo, como no podría ser de otra manera, de Assumpció Forcada.

La inmediatez del móvil me permite asistir a tu tertulia,
he quedado con Felipe Sérvulo y en un descuido, me veo sumergida en sus proyectos.
Me cuenta del ralentizar de su próxima publicación, falta de inmediatez, me digo y callo. Pre-Textos.

Me siento y observo a los intelectuales, entre estas paredes de un Ateneu antiguo,
como las piedras que le circundan y las que de forma probable, tenga tu geología.
En las piedras por ejemplo, no hay inmediatez.

Lees y en tus poemas, la vida se abre paso de forma inmediata.
De inmediatez se perfila una estrofa en el instante mismo que la piensas.
Un poco antes de que leas Paraguas a petición de mí, la inmediatez de otras que has leído
con una declamación tan precisa como excelsa, provocan la
anegación completa de mis ojos, también he pensado huir de la sala
pero entiendo de forma inmediata, que en la poesía, las lágrimas
la dotan de sentido.

La inmediatez por mí elegida, convierte una tarde de viernes en el cosmos de tu universo.

Es también la inmediatez la que nos acerca de forma insistente a tu propia mirada de poeta.

Si tus palabras hoy han constituido una esperanza, un canto divino a las estrofas, a las culturas, a las lenguas, a los raíles, a los objetos que nos hablan, a la ciencia, le debo a la inmediatez su lugar, su paso no baldío por mi alma.

Finalmente la inmediatez nos aboca a la triste despedida, triste porque me alejo con la sensación
de que el reconocimiento que hoy he puesto en ti, como poeta, como mujer, como gran pensadora, no sea el reconocimiento que merezcas, o sí, si al haber desnudado tu alma en esa pequeña rabieta inmediata, hallas en mí compañera de vuelo y de fatigas.


Assumpció Forcada i Florensa
Poeta y Cantautora, nacida en Sudanell (Lleida) en 1947, licenciada en Ciencias de Biología por la Universidad de Barcelona. Acceso a su obra poética pinchando en el siguiente enlace: www.poemariodemujeres.com

jueves 5 de noviembre de 2009

Al límite, donde la Frontera se pierde...

Había oído hablar de los seres de luz los iluminados en casa de la abuela Simoneta. En aquellas tardes en que la lluvia golpeaba furiosa las ventanas y el cielo encapotaba el paisaje con plomizos claroscuros, en las horas silentes que preceden al destierro de las ánimas que vagan, ella me contaba de un mundo tocado por el maravilloso don del fluir. Permanecía oculto a quienes sólo se asían a la realidad circundante, debes creer, susurraba envuelta en esa expiración de la vida tan propia de los ancianos. Las manos ajadas y deformes acariciaban mis trenzas en una incesante lluvia de meteoros y auras, la seducción de la dulzura de su voz, su leve inclinación a la declamatoria melancólica, me provocaba un pequeño bostezo y el posterior y consecuente adormecimiento.

Llegué al Varadero al tocar de las cuatro, faltaban apenas diez escasos minutos para que Carlos apareciera. Habíamos quedado para repasar unos cuantos bocetos de lo que tenía que ser un libro de cuentos. Al tiempo que tomaba el asiento sonó mi celular, era Raúl, quería preguntar si cenaríamos sushi o espirales y de paso, confirmar la película de la noche L'enfer . Un camarero se acercó y aproveché la oportunidad para pedir un té. No sé en qué momento y cual murmullo nebuloso, les oí hablar, parecía un eco en letanía o un susurro lento al oído, el caso es que debía de esforzarme en la concentración para alcanzar el sentido de sus palabras.
Aquélla pareja que platicaban justo a mi espalda, hablaban de los iluminados que la abuela Simoneta me enseñó a venerar, creí dar un respingo en el inquietante desasosiego que siguió a continuación, reseñaron un lugar La frontera perdida una especie de morada de los seres de la luz.
Nunca podré olvidar la inmersión que me llevó a transitar todos aquéllos espacios sumergidos en la profundidad del alma. Decidí coger una mochila con unos cuantos víveres y atravesar aquel maravilloso pasadizo entre la frontera de lo real y el imaginario, un lugar alejado de la espesura de los actos, de la vacilación entre el bien y el mal, del universo de Caín.
Conocí a un tipo, un intelectual de alto rango que me mostró las fauces del abismo, la penosa futilidad de la vida, me convertí en su sombra, y a su sombra viví hasta que desterrada en el mundo de los muertos degolló mi cuello tumefacto y caliente para entregárselo a su señor, vaciando después las cuencas de mis ojos, convirtiendo sus oquedades en guarida de gusanos.
Abrí los ojos al despertar de la camilla de una habitación aséptica, irrumpió el terapeuta con una bata cerúlea, zurcida con restos de lo que parecían secuelas abisales de un incipiente Alzheimer, accedí a las suturas de los cortes más profundos, pero allá donde no era necesario, el tiempo se encargó de estrangular la hemorragia interna.
Con un traje de hechura nueva me volqué en distintos proyectos humanitarios que propiciaron viajes a selvas esmeriladas. Helechos exuberantes lacados de suave terciopelo verdiazul. A menudo pensaba en la abuela Simoneta y su mundo aural. Fue entonces, en uno de aquéllos espléndidos viajes, cuando le conocí.
Sergio, surgió una voz mientras curioseaba por el mercado del Alambique. Al volverme sus ojos y los míos se cruzaron, algo debió de suceder porque al cabo, mientras yo regateaba un mango y dos guayabas, posó su mano sobre mi hombro y con voz tenue, pálida, arbitró puedo invitarte a cenar? me pareció tan cálida la invitación que accedí animosa.

Cocinó, bailamos, me besó y al pronto yacíamos en un lecho de ligeras sábanas de hilo, envueltos en el sudor del deseo y en la fiebre amarilla del oro de nuestros fluidos. Me mostró el aroma de madera y sándalo que tamiza la piel masculina, el gruñir del deseo desatado en un feroz instinto de animal sediento, el placer de desnudar su alma y vaciarla por completo en mi boca, en mis ojos que eran el reflejo de los suyos, la plácida connotación de un sexo tibio de anhelos y exhausto de placeres, me enseñó a conocer que todos los hombres se contienen en uno, excelso, lujurioso, ávido de sensaciones ambarinas y exculpado del reino de los cielos, soñador de cuerpos de sirenas y sirena él mismo, de mi cuerpo. Seda, albaricoque tierno, mantecoso, fruto de un alambique de pájaros de vuelo, un vuelo más cercano al infierno que al crepitar del frío del Antártico. Así le amé, con desmesura, sin recortes ni ofertas, al caer de las noches estrelladas al rugir del silbato del cálido viento Sur. Una noche, cerrada y negra como la que más, desperté sobresaltada y sudorosa, es probable que cayera presa de alguna pesadilla de demonios y náufragos. Giré mi cuerpo despacio, silencioso y al rozar contra el suyo, un brote de escamas ásperas perfiló los primeros rasguños, me sobrevino la náusea, el mudo terror de la visión atroz, desmesurada, convertido en serpiente Pitón o Anaconda gigante, su viperina lengua dispuesta a proyectar el veneno letal. En la voracidad de sus ojos la victoria, un traspiés y sería pasto de su infame mentira. Cerré los ojos, el pánico había congelado en un instante la posibilidad del movimiento, asistida de urgencia por una voz ceñida a uno de los lóbulos debes creer, únicamente así podrás acceder a ellos. A punto estuve de perder la vida cuando abrí los párpados sigilosos por si la serpiente había intentado sellarlos, la córnea estaba intacta, un plácido aleteo de gorriones se extendía en un sendero frondoso de flores salvajes, de nenúfares y ranas en charcas generosas, de gráciles cérvidos que correteaban aquí y allá, la acústica era indescriptible, un estertor de sonidos naturales que se expandían a lo largo y ancho del camino como la balada de un universo nuevo. Y allí, en el límite fronterizo de mi sueño, el guardián de los iluminados me indicaba la entrada a su mundo de luz, al amplio y poderoso cosmos de seres inmaculados, imantados de un aura blanquinosa y suaves caricias de imbricado algodón, me sobrevino una apetecible calma...

Raúl besó mi mejilla te quedaste dormida, el sushi está en la mesa...



PD. Y su recuerdo vivirá por siempre en la región oscura de mi reino...allá donde nadie quiere entrar, en el estanco foso del olvido.